CURSO #convivenciaMOOC
MÓDULO 1: EL ACOSO ESCOLAR EN EL CONTEXTO
DE LA CONVIVENCIA
ACTIVIDAD 3: Análisis y debate de casos
prácticos
Para
el desarrollo de esta actividad he elegido el “Caso 1. Educación Primaria”
El
texto nos presenta un supuesto que perfectamente nos podemos encontrar en el
entorno escolar y en el desempeño de nuestra labor diaria. De la correcta
actuación de las diferentes partes implicadas dependerá que se resuelva
correctamente en beneficio alumno, en
este caso, Adrián.
·
¿Estos hechos
pueden considerarse como acoso?
Desde mi punto de vista nos encontramos ante un caso de acoso incipiente.
En un primer momento parece, que lo
sucedido entre Adrián y Félix en vacaciones,
con la rotura, a priori casual, de la hélice del helicóptero y el desagradable
comentario de Félix, es una bobada de niños, aunque considerando la edad de
ambos, son alumnos de 6º de Primaria y
por tanto tienen entre 11 y 12 años, la manera en la que Félix se dirige a
Adrián entraña cierta intencionalidad de ofensa directa.
Si el tema hubiera terminado con el acontecimiento anterior podríamos
pensar que ha sido algo puntual, pero al producirse una serie de hechos en
cadena: el incidente del balonazo en el ojo, el trato vejatorio que recibe el
niño por parte de tres compañeros a la salida del colegio y cuando pretende
jugar al fútbol, la zancadilla a propósito y los insultos, sumado a las
características de propio niño, introvertido con pocas habilidades sociales, y
a su cambio de actitud mostrándose reacio a ir al colegio, yendo un poco
retrasado en las tareas escolares, me hacen pensar que está surgiendo un caso
claro de acoso escolar y que por tanto, el centro, es decir, todas las personas
que lo conformamos, los maestros y equipo directivo junto con los padres de Adrián
y los padres de los otros tres alumnos
implicados, debemos empezar a trabajar
de manera conjunta, diseñando estrategias sólidas para evitar, por un lado, que
Adrián vuelva a sufrir un incidente desagradable y por otro lado, reeducar el
comportamiento negativo que están manifestando estos tres alumnos. Sin lugar a
dudas, nuestra labor educativa debe enfocarse en esa doble vía de actuación:
proteger e integrar al primero, y reconducir el inadecuado comportamiento de
los otros, potenciando en ellos habilidades como la empatía, el compañerismo,
etc.
·
¿Qué documentos o planes del centro deben contemplar y
tener previstas este tipo de conductas?
Los documentos que vamos a
utilizar en estos casos deben estar incluidos en nuestro Proyecto Educativo.
Empezaremos con el PLAN DE
CONVIVENCIA: en este documento se recoge la concreción de los derechos y
deberes de los alumnos, las actividades que fomenten un buen clima de
convivencia en el centro, las actuaciones para la resolución pacífica de
conflictos, las normas de conducta y de convivencia y las medidas correctoras
en caso de incumplimiento.
Seguimos con el PLAN DE
ACCIÓN TUTORIAL: que concreta las actividades y programas recogidos en el
anterior, es decir, concreta nuestra labor directa con los alumnos en este
campo, haciendo especial hincapié en las medidas y actividades preventivas.
Pasamos al Reglamento de
Régimen Interior, documento ha utilizar cuando se deben imponer medidas
correctivas, recoge la tipificación de las faltas (leves, graves o muy graves)
y la sanción atribuible a cada una de ellas.
Siendo el acoso escolar
una falta muy grave, además, el R.R.I., recoge el protocolo de actuación a
activar en caso de sospecha de un posible caso de acoso (intervención con los
alumnos implicados, reuniones con las familias, reuniones entre docentes,
asesoramiento de E.O.E.P., etc.) y las
actas necesarias para la implementación correcta del citado protocolo.
·
¿Qué te
parecen las reacciones del jefe de estudios y de la tutora?
Considero que las ambas actuaciones no han estado lo
suficientemente acertadas. Lejos de tratar el tema desde la objetividad y desde
la importancia que hay que dar a este tipo de casos, han trivializado el asunto
quedándose en los superficial: “son cosas de niños”, “no pasa nada”, “es el propio
Adrián el que debe integrarse y buscar amigos”, etc.
Con esto no quiero decir que haya que alertarse de manera
exagerada ante el más mínimo conflicto
surgido esporádicamente entre los alumnos, pero sí debemos mantenernos
expectantes por si realmente se desencadena una situación reincidente, como el
caso que nos ocupa.
El jefe de estudios ha pasado por alto las características
de Adrián, que es un niño solitario, introvertido y que no tiene muchos amigos.
Además tampoco ha tenido en cuenta que no estamos hablando de un hecho puntual
sino que se han repetido varios incidentes y por otro lado, ha obviado el
desequilibrio de poder, pues en un principio el problema lo tuvo con Félix pero
finalmente, a éste se unen otros dos niños que incordian a Adrián.
Tampoco la tutora ha estado muy acertada en la forma en que
pide al grupo/clase que acepte a Adrián para que pueda jugar al fútbol con los
demás.
En primer lugar deberían haber escuchado a los padres,
intentar transmitirles tranquilidad diciéndoles que se van a poner manos a la
obra y que van a observar el comportamiento de los niños en general pero en
especial a los cuatro implicado (Adrián y los otros tres niños).
Deberían haber hablado con los niños, tantas veces como
fuera necesario, de manera individual y
después de manera conjunta para que cada uno expusiera sus sentimientos y sus
inquietudes, para después intentar que los tres amigos se pusieran en el lugar
de Adrián (cómo se siente, si a ellos les gustaría, también si ellos mismos se
sienten bien haciendo lo que hacen, etc.). Después deberían haber explicado a
los niños lo que nosotros, sus “profes”, esperamos de ellos, transmitiéndoles
nuestra confianza en su cambio de actitud, pero también explicándoles, de
manera clara y concisa, cuáles son las consecuencias de sus actos en el caso de
repetirse un nuevo episodio.
Deberían haberse reunido, de manera individual, con los
padres de los tres niños para comunicarles lo que se está produciendo y del
comportamiento de sus hijos, para pedirles su colaboración, pero para
informarles, también, de las posibles consecuencias negativas que pueden tener
sus hijos en caso de no modificar su conducta.
Además deberían haber pedido la colaboración al orientador
del centro para que trabaje, con Adrián y su familia, técnicas para subir la
autoestima y seguridad del niño. El E.O.E.P. también debería asesorar a los otros tres niños, a sus padres, a la
tutora, profesores, jefe de estudios, director, etc-
La tutora, por su lado, también podría haber puesto en
prácticas actividades que fomenten la cohesión del grupo intentando de manera
paulatina que Adrián fuera mejor valorado y aceptado por todos los niños.
En definitiva, deberían haber puesto en marcha numerosos
mecanismos de prevención y protección en lugar de quedarse en lo meramente
superficial. Además y muy importante, deberían, de manera diligente, haber
informado al director del centro para que el/ella contribuyera en la resolución
del conflicto.
·
¿Qué
medidas educativas y/o disciplinarias podrían activarse ante estos hechos?
En primer lugar deberíamos aplicar medidas educativas ya
que el objetivo fundamental de nuestra labor es el educar y formar a nuestros alumnos, y cuando estas
medidas prioritarias fallan debemos recurrir a las sancionadoras o
disciplinarias.
Entre la educativas priorizaremos la atención directa e
individualizada de todos nuestros alumnos. Posteriormente pondremos en práctica
actividades en el aula de cohesión de grupo, que fomente la colaboración, el
diálogo, etc. También se puede implicar a todas las familias del grupo, para
que colaboren con nosotros en estas actividades de respeto, solidaridad, tolerancia
a las diferencias individuales, etc.
Si todas estas medidas no surten efecto recurriremos al
R.R.I. para imponer las medidas correctoras que correspondan a las faltas
cometidas y a su gravedad.
·
¿Qué
opinas sobre los comportamientos de los alumnos?
El comportamiento de los tres niños que actúan con
violencia, tanto física como psicológica, contra su compañero Adrián, por el
simple hecho de “ser diferente”, es
totalmente incorrecto e inadaptado y no se debe tolerar bajo ningún concepto.
Por eso, nuestra labor, además de proteger e integrar a Adrián, se debe dirigir a procurar que estos alumnos
modifiquen su conducta, pues sin lugar a dudas, ésta no les va a aportar nada
positivo en su vida y nuestro mayor triunfo educativo será conseguir que estos
alumnos empaticen con los sentimientos de los demás.
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